CENTRANDO EL CENTRO.

“El justo medio (mesotés) para Aristóteles es la virtud moral entendida como el equilibrio racional entre dos vicios extremos: uno por exceso y otro por defecto. No es una media aritmética matemática, sino un punto medio "relativo a nosotros", determinado por la prudencia y el contexto para actuar correctamente”. E- H-

Por: Víctor Reyes Morris. Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica. Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara Ex Director de ICETEX. Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia.

3/31/20264 min read

aerial photography of graden
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CENTRANDO EL CENTRO.

Por: Víctor Reyes Morris.

Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica.

Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara

Ex Director de ICETEX.

Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia.

El justo medio (mesotés) para Aristóteles es la virtud moral entendida como el equilibrio racional entre dos vicios extremos: uno por exceso y otro por defecto. No es una media aritmética matemática, sino un punto medio "relativo a nosotros", determinado por la prudencia y el contexto para actuar correctamente. E- H-

En el debate político actual, bastante polarizado, por cierto, lo más apetecido en el momento para ajustar cuentas es la disputa del Centro. Aunque, la controversia gira alrededor de la comprensión o definición del Centro, el esfuerzo por comprender de qué se trata cuando un buen número de ciudadanos en las encuestas se definen como pertenecientes al Centro y en algunos sondeos la definición por esta opción resulta ser mayoritaria. Y la pregunta que se trajina en los medios es: qué es el Centro. Seguramente si les preguntaran a aquellos ciudadanos que se identifican con la opción política o electoral “Centro” responderían cosas disimiles y los intérpretes y politólogos comenzarían a especular al respecto y terminarían por decir en medio de su confusión que el Centro no existe.

Partamos entonces que el Centro es una intuición de ciudadanos que no se identifican con opciones extremas de izquierda o derecha. Es decir, no se identifican con posiciones como “destripar izquierdistas” o “esquilmar empresarios” o “estatizar la economía”.

Entonces se podría colegir que el Centro es un NO al alineamiento ultra ideológico que si bien no constituye una definición por ser negativa, daría paso a que esa intuición, si se quiere llamar así, está intentando hallar un camino de respuesta donde haya orden pero para garantizar la libertad, donde haya garantía de derechos, donde el Estado de Derecho no sea una advocación que se presume sino que es la esencia del sistema, donde se den oportunidades sin lesionar a unos para favorecer a otros, donde la política sea un servicio social y no una oportunidad de enriquecerse con los bienes públicos, Es decir, que la democracia sea de verdad, sea económica, social , política y ecológica. Que existan reglas claras de juego y que no se utilice el poder para favorecer a unos en detrimento de otros y que para ello haya pesos y contrapesos y separación de poderes.

Así el Centro tiene sentido y se convierte en una legítima opción.

En la actual coyuntura, el coqueteo con el Centro, para aludir a aquellos ciudadanos que todavía no se definen electoralmente o no encuentran en las opciones existentes una claridad que conduzca a la intuición ciudadana del camino centrista.

Hay interesantes movimientos de “piezas” en el ajedrez político actual, frente a la elección presidencial que se avecina en Colombia. Hay que calibrarlos bien para poder entender lo que está ocurriendo. No es tanto la cantidad de candidaturas, que sobrepasa en número a otras ocasiones, lo que corresponde resaltar sino una alta polarización entre la opción que se deriva del actual Gobierno, que no escatima recursos para garantizar su continuidad y las opciones que desde la oposición o terceras vías se plantean.

Quizás lo más sobresaliente de la coyuntura es que parece que el partido Centro Democrático se despoja de su carácter típicamente derechista y comienza a inclinarse hacia el Centro, dejando de lado a la extrema derecha que irrumpe con fuerza en la escena política y que niega ser política haciendo política de derecha escueta.

Tal vez, hay que aclarar que hay dos tipos de derecha: la vergonzante y la desvergonzada. La primera acepta las formas democráticas, respetándolas y jugando dentro de ellas y la desvergonzada es abiertamente autoritaria, considera a la democracia un obstáculo para sus fines mesiánicos o populistas y su convicción de imponer un capitalismo salvaje, es decir de pocas reglas y de la ley del más fuerte.

Esta última tendencia ha tomado fuerza en América Latina y también en USA. Donde el liberalismo y la socialdemocracia se consideran carentes de la fuerza necesaria para enfrentar a sus enemigos, llámense inmigrantes, terroristas, narcos o comunistas. Generalmente sobre dimensionados pero eficaces mediáticamente para asignarles la producción de todos los males de la república.

Como el viejo fascismo o nazismo que hizo de los judíos sus enemigos mortales y la consecuente y pavorosa eliminación masiva de los mismos.

Entonces no es de poca monta lo que se juega en una elección presidencial. Cuando las opciones políticas se encuentran claramente diferenciadas, aunque el panorama de la multiplicidad de candidaturas pretenda reducir la decisión a quien es mas capaz o mas mediático o cualquier otro argumento personalista.

El llamado progresismo, que gobierna en la actualidad, seguramente por su propia convicción no duda de usar todos los mecanismos y resortes de poder para mantenerse en el mismo en una extraña convicción moral de que “a los que asiste la verdad” tienen todo el “derecho” de utilizar el presupuesto público para garantizar su permanencia, vía contratos, puestos burocráticos y nóminas paralelas. Lo que criticaban con vehemencia ayer, hoy lo aplican sin reticencia ni pudor. Con el argumento de que ellos representan al “pueblo” y eso justifica cualquier medio.

La lucha por una verdadera Democracia, en sus fines y medios cobra sentido, cuando es la garantía de un Estado de Derechos y no simplemente de un Estado de Derecho, que también es necesario para que este último garantice la igualdad de oportunidades en una Sociedad.

(Estado de Derecho se refiere a un sistema en que el poder del Estado está sometido a la ley y el Estado de Derechos es que esas normas representen garantías e igualdad de oportunidades para los ciudadanos).

Indudablemente el Congreso de la República representa al pueblo en su conjunto y es el órgano de mayor valor en un sistema democrático. Intentar reducirlo, cooptarlo es el camino autoritario que muchos buscan en su “iluminada” apuesta populista y su pretensión de una Constituyente para bloquear o crear un esquema de preponderancia presidencialista que someta a los otros poderes, a sus designios. Desde luego, el Congreso no es un puro reino de ángeles. Hay de todo, como decía Luis Carlos Galán, ahí está representado el país con todos sus defectos y virtudes.

Lo que está en juego en esta elección presidencial es si por la izquierda o por la derecha nos malogran la Democracia o la sensatez se impone. -