LA CULTURA DEL CUARTO DE HORA.
“Las sociedades están bien gobernadas cuando lo están por sistemas en los que se sintetiza una inteligencia colectiva (reglas, normas y procedimientos) y no cuando tienen a la cabeza personas especialmente dotadas o ejemplares”. “Una sociedad está bien gobernada cuando resiste el paso de malos gobernantes”.
Por: Víctor Reyes Morris. Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica. Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara Ex Director de ICETEX. Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia.
2/1/20264 min read
LA CULTURA DEL CUARTO DE HORA.
Por: Víctor Reyes Morris.
Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica.
Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara
Ex Director de ICETEX.
Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia.
“Las sociedades están bien gobernadas cuando lo están por sistemas en los que se sintetiza una inteligencia colectiva (reglas, normas y procedimientos) y no cuando tienen a la cabeza personas especialmente dotadas o ejemplares”.
“Una sociedad está bien gobernada cuando resiste el paso de malos gobernantes”.
Política para perplejos. Daniel Innerarity (1959). Filosofo político y profesor Universitario español.
Lo que llamamos “cultura del cuarto de hora” hace alusión a una práctica de ejercicio del poder (a cualquier nivel) que considerando lo efímero de ese ejercicio en un sistema democrático, hay que “aprovecharlo” para el máximo beneficio personal. Se da tanto en electos como en nombrados. El “cuarto de hora”, alusión a un periodo corto de tiempo (válgame la redundancia), refleja una concepción de la política, la cual no es para el servicio de los demás sino para el propio. Desde luego es la perversión de la política, pero no sólo corresponde tal perversión a quien ejerce el poder, sino a quienes lo rodean, para obtener beneficios también. Es que no hay políticos corruptos sin ciudadanos igualmente corruptos.
La corrupción, ese fenómeno tan arraigado y extendido, tanto en las democracias como en los sistemas autoritarios, quizás con mayor fuerza y extensión, es un mal endémico difícil de extirpar entre más normas de control, paradójicamente, no disminuye el mal. Es que se ha entendido que el problema es de los “políticos” y entonces el ciudadano se vuelve indiferente y tiende a meter a justos y pecadores en el mismo saco. Error craso.
Se publican las declaraciones Renta de los electos, pero siempre hay formas de evasión del llamado “enriquecimiento ilícito”, es decir obtener beneficios económicos, monetarios o no, de manera ilegal. Usando la disposición que otorga el poder para favorecer intereses particulares.
Algún expresidente de Colombia, formuló la pragmática tesis de reducir la corrupción a sus justas proporciones Ese exceso de realismo, fue duramente criticado y quizás inaceptable, pero no del todo equivocado, quizás en su intención . Reducir la proporción de la corrupción en términos de porcentaje de ganancias, digamos un 10%, parecía un control de la corrupción, pero era la admisión descarada de la misma. No apta para democracias.
Así como la de las drogas ilícitas, la batalla de la corrupción parece perdida. La represión de las mismas fracasa porque sus métodos de represión, lo que hacen es “encarecer” el producto ilícito. ¿Cómo buscar otras estrategias de control eficaz?
El ejercicio ciudadano es fundamental, pero quiénes deben controlar más precisamente son los partidos políticos que avalan a tales personajes.
Pero los partidos políticos colombianos, son de una fragilidad institucional que poco controlan, sólo son, como alguien decía, fábricas de avales para candidatos. No se ha logrado tener verdaderos partidos políticos, con organización, militancia, mecanismos serios de participación, liderazgos claros y responsables. Estamos lejos de eso y no parece haber voluntad para cambiar tal situación.
Organizar no es fácil, pero necesitamos que ello ocurra con nuestros partidos políticos. Tenemos partidos de más de 100 años de existencia y no son más que federaciones de grandes, medianos y pequeños caciques electorales. Tales partidos, y desde luego los nuevos también y con mayor razón, deben responder y vigilar a sus avalados en los cargos que accedan, sean del nivel que sean, sean de la Rama que sean.
Los órganos de control; Contraloría, Procuraduría y Fiscalía, también generados políticamente, deben cumplir su papel natural de ser eso: órganos de control y no simplemente hacer investigaciones eternas, cuando las hacen, que terminan en nada, o en absoluciones políticas.
Los ciudadanos, también y/o principalmente, deben ejercer su labor de vigilancia y de denuncia de los malos procederes de los funcionarios que incurren en prácticas deshonestas. Deben ser oídos por los órganos de control y por el Poder Judicial y proceder. También se da y ante esto hay que ser claros, las falsas denuncias y las de interés político. Es decir, aquellas que tienden más a bloquear o desprestigiar a un funcionario por ser de un partido distinto. Esta desde luego, no deber ser excusa para no actuar cuando hay razones fácticas de malos manejos.
Seguramente esta monserga ya cansa de tanto decir lo mismo y como se dice en el argot popular, “no pasa nada”. Pero tenemos una Democracia con instituciones que deben funcionar, aunque algunos no les gusten y apelen a las salidas no-institucionales o autoritarias y llaman al “pueblo” que presuntamente lo arropan para imponer su voluntad.
Monserga quiere decir “discurso fastidioso”, pues si lo es… entonces, digamos que es un mal necesario su insistencia ante un mal que nos lleva incluso a la recurrencia al autoritarismo populista, que desde luego es el peor de los males, porque como dijo el historiador Lord John Acton, “el poder absoluto corrompe absolutamente”.
El otro asunto es si la Ideología política es un factor de protección contra conductas indebidas en el ejercicio político. Parece que cumple los dos papeles si ésta privilegia y resalta aspectos de ética política o por lo contrario, acepta pragmáticamente que el fin justifica los medios. -


