LA PATRIA BOBA.

El Título de este artículo obedece a la remisión al período germinal de nuestra historia republicana, como nación independiente, llamado así el lapso desde el Grito de Independencia de la Corona hasta la llamada Reconquista Española, o sea entre 1810 y 1816.

Por: Víctor Reyes Morris. Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica. Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara Ex Director de ICETEX. Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia

7/22/20264 min read

LA PATRIA BOBA.

Por: Víctor Reyes Morris.

Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica.

Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara

Ex Director de ICETEX.

Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia

El Título de este artículo obedece a la remisión al período germinal de nuestra historia republicana, como nación independiente, llamado así el lapso desde el Grito de Independencia de la Corona hasta la llamada Reconquista Española, o sea entre 1810 y 1816. La discusión ideológica que se instauró entre los dirigentes criollos para establecer el tipo de Estado que se quería construir, Centralista o Federalista, desató una Guerra Civil o interna entre los partidarios de uno u otro enfoque ideológico que facilitó la Reconquista española. Aunque la discusión en si no era baladí, como podría pensarse, si creó una división que llevó a organizar ejércitos de uno u otro bando que se enfrentaron militarmente y no se pudo consolidar un Estado fuerte para la nueva República, la cual fue relativamente fácil derrotada. Aunque la lección se aprendió y Bolívar y Santander entendieron como era el reto de fondo y en 1819 consolidamos nuestra independencia de la Corona española.

Aunque el nombre “despectivo” puede ser injusto, a lo que quiere aludirse no es tanto a que existan enfoques políticos distintos sino a la imposibilidad del acuerdo. Pero peor si se trata de discusiones de menor cuantía elevadas casi a líneas rojas y deseos “imperiales”.

Me refiero al “deseo” del mandatario entrante que ha manifestado que quiere posesionarse como Presidente de la República en una guarnición militar y esto ha originado fuertes discusiones entre lo que ordena la Constitución Política y el homenaje que el presidente electo le quiere rendir a las Fuerzas Armadas.

Quienes se posesionan en una guarnición militar son los comandantes de tales guarniciones. A pesar del simbolismo que pueda tener ese gesto de reconocimiento, no es aconsejable desinstitucionalizar la toma de posesión presidencial, no solo por el costo adicional de trasladar los miembros del Congreso, funcionarios e invitados nacionales e internacionales a tal Guarnición militar, cuando precisamente el Estado está en una fuerte contracción presupuestal, sino por las secuelas deslegitimadoras que puede tener tal pretensión, y los tinterillos de este país encontrarían una mina para demandar tal posesión.

Si el Presidente electo, quiere mandar un mensaje de reconocimiento que organice a posteriori una gran ceremonia de reconocimiento mutuo con las fuerzas militares y de policía en una de las escuelas de formación militar con toda la pompa del caso, que lo haga después de, ya entronizado, en la jefatura del Estado.

Vamos a salir de un ejercicio presidencial que rompió muchas reglas, entre otras varias, la de no participar en política sin que mediara ningún control eficaz para evitar tal desafuero, tal como lo establece la Constitución Política colombiana. Algunos hablaron de una “presidencia imperial” de izquierda y esperamos que no vayamos a entrar a la de “derecha”.

La celebración de los 35 años de la constitución Política de 1991 debe incitar a que las instituciones diseñadas por este acuerdo básico político se respeten, se acaten y que ninguna autoridad ni ciudadano (a) se sienta por sí o ante sí, facultado por su propia voluntad a desinstitucionalizar. A ejercer supraconstitucionalmente apelando a su elección de origen popular.

La amenaza de convocar una constituyente popular fue la reacción por una parte de que los pesos y contrapesos constitucionales si funcionan (a veces parece que no) para sustentar la división de poderes característica de una democracia y de otra, que la naturaleza de los distintos poderes esta bien definido, que cuando estos se ejercen, impiden arrogarse poderes que no se tienen a pesar de arroparse en la bandera de la unción popular con la intención de ser el auténtico interprete de la voluntad popular, que dice encarnar.

Tal vez, lo que exponemos anteriormente no sea sino un síntoma de un problema más profundo: la crisis de la Democracia, la que ha sido reconocida o expuesta por varios analistas de distintos países e internacionales y también por algunos analistas criollos. El desafío populista, tanto de izquierda como de derecha, ha cautivado a importantes sectores de la ciudadanía que han llegado a desconfiar del sistema democrático, ha perdido confianza dando espacio a la demagogia populista y a los regímenes autoritarios.

Hay desconfianza hacia el sistema democrático y desconfianza en sus instituciones porque la ciudadanía percibe que ni los partidos políticos, ni sus dirigentes responden a sus requerimientos e intereses. También la poca eficacia de las políticas públicas para cerrar brechas de enorme desigualdad. También la polarización política que lleva a radicalismos expresados por oscuros personajes que prometen el oro y el moro.

Todavía no existe un mejor sistema político que el democrático que lleva 2.500 años de ser formulado por los griegos y quizás practicado por otros pueblos, aunque la denominación sea griega, con oscuros momentos de autoritarismos que llevaron siglos vigentes y que sólo hasta finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX se convirtió en un sistema anhelado y luchado por imponerlo.

El sistema democrático es ante todo un sistema deliberativo, un diálogo entre distintos. El sociólogo alemán Jurgen Habermas (1929-2026), enfatizó el carácter comunicacional inter-partes que implica el sistema democrático, el cual consiste no solo en votar, sino en la participación ciudadana instaurando una conversación de doble vía. Un debate público informado que lleve a construir consensos y así sería como las decisiones políticas adquieran toda la legitimidad. Su obra titulada Facticidad y validez (1992) es la que presenta el desarrollo de su teoría de la democracia deliberativa y la relación existente entre derecho y democracia. Precisamente el autor advirtió en su obra como la Democracia entra en crisis o se debilita cuando los medios de comunicación y las redes sociales (virtuales) facilitan y favorecen la polarización, las falsas noticias (fake news) y en general la desinformación y la aglomeración del fanatismo, así disminuye la participación ciudadana y las decisiones de trasladan con facilidad a tecnócratas o a los mercados con poco control democrático. Para Habermas es fundamental un Estado De Derecho con instituciones sólidas que sean la garantía de los derechos ciudadanos y de las libertades. -

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