MORDERSE LA COLA.

“La expresión morderse la cola ha sido utilizada a lo largo de la historia, incluyendo la filosofía, la literatura y el lenguaje cotidiano, para describir situaciones en las que se está atrapado en un círculo vicioso o en un ciclo o problema que se repite constantemente”. Basado en la IA. “Lo importante para el Gobierno no es hacer cosas que ya están haciendo los individuos y hacerlas un poco mejor o un poco peor, sino hacer aquellas cosas que en la actualidad no se hacen en absoluto”. John Maynard Keynes. Economista Británico”. (1.883-1946).

Por: Víctor Reyes Morris. Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica. Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara Ex Director de ICETEX. Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia.

1/21/20264 min read

MORDERSE LA COLA.

Por: Víctor Reyes Morris.

Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica.

Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara

Ex Director de ICETEX.

Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia.

La expresión morderse la cola ha sido utilizada a lo largo de la historia, incluyendo la filosofía, la literatura y el lenguaje cotidiano, para describir situaciones en las que se está atrapado en un círculo vicioso o en un ciclo o problema que se repite constantemente”. Basado en la IA.

Lo importante para el Gobierno no es hacer cosas que ya están haciendo los individuos y hacerlas un poco mejor o un poco peor, sino hacer aquellas cosas que en la actualidad no se hacen en absoluto”. John Maynard Keynes. Economista Británico”. (1.883-1946).

La reciente medida de aumento elevado del salario mínimo para 2026 tomada por el Gobierno Nacional no sólo ha sido juzgada de desproporcionada frente a lo discutido en las comisiones de concertación entre Empresarios, Trabajadores y Gobierno. Ninguno de tales actores llegó a plantear tal cifra de aumento (23%) y por eso el deliberado o no, fracaso de la concertación entre tales actores, parece que tenía el propósito de ejercer la potestad gubernamental de ordenar tal cifra y sorprender y superar hasta las mejores expectativas. Además, con la sospecha de por medio de tratarse de un año electoral, presidenciales y Congreso de la República.

Esa medida supuestamente de origen keynesiano, realmente ha sido un fracaso en los regímenes en donde se ha aplicado. Citemos 2 casos no más. Perú, en el gobierno de Allan García (1985-1990), que produjo una hiper- inflación bajo la idea de estimular los salarios, lo cual llevó a un desabastecimiento general. El caso más reciente es el de Venezuela, con el régimen chavista que impuso unas elevadas alzas de salarios, que produjeron una altísima inflación, una pobreza generalizada y una expulsión de población por la aguda crisis económica causada de algo más de un 30% de su población hacia diversos países.

Es un espejismo porque cuando el alza no obedece o no se acompasa adecuadamente con crecimiento económico, produce alta inflación y golpea a los agentes económicos más vulnerables, lo que lleva a graves crisis económicas. Se pretende que mediante el control de precios se amortigüe los efectos negativos, pero igualmente fracasan porque las realidades económicas son más fuertes que tales medidas, aún en regímenes definidamente autoritarios. Además, la facultad de control es específica, especial y se aplica a determinados bienes y servicios, fijados por la Ley, no es omnímoda, por lo menos en nuestro país.

Muchos economistas han señalado que la alta inflación es el castigo impositivo a los más pobres. Y lleva a la pobreza a quienes han logrado salir de ella. De tal manera que una medida de tal naturaleza, pretendiendo mejorar los ingresos o redistribuirlos para que se adquiera un mayor poder adquisitivo, termina encareciendo los bienes y servicios volviéndoles más inaccesibles.

Un alza de salarios más acompasada con la productividad puede ser positiva, pero cuando desborda la productividad puede generar más problemas de los que pretendía resolver. Se podría pensar que un alza del salario mínimo puede aumentar el consumo de los trabajadores lo que a su vez podría generar más demanda interna. Pero como la tendencia es trasladar los mayores costos laborales a los precios de los productos y servicios, esto puede producir una situación en donde de nuevo la adquisición de bienes y servicios se encarece y se vuelve a la situación anterior y también puede producir reducción de empleos por mayores costos laborales y por tanto aumento de la informalidad, que ya llega a más del 50% de la fuerza laboral.

Estudios del Banco de la República han advertido que la figura del salario mínimo no está favoreciendo a los hogares más pobres. Señalan tales estudios que si bien el salario mínimo tiene entre sus distintos objetivos contribuir a la reducción de la pobreza y desigualdad no lo está logrando. Así, que un alza tan pronunciada del salario mínimo (23%) menos lo va a lograr y va a traer más perjuicios que beneficios.

Eso es exactamente “morderse la cola”, o sea crear más efectos negativos de los que se pretenden lograr por el lado positivo. Claro, viene el sustento ideológico del “Gobierno comprometido con los trabajadores” y eso puede producir réditos electorales significativos. Como se dice: “Aplausos de la galería”. Pero si no fuera que las referencias históricas son más poderosas advertencias que la discusión ideológica, la cual nos ubicaría en ese odioso lugar del “neo-liberalismo”, el coco ideológico de una cierta izquierda anclada en el pasado y renuente a las evidencias fácticas. El populismo de izquierda o de derecha es igualmente perverso como cualquier enajenación ideológica. Sigue haciendo estragos.

No se trata de argumentar con adjetivos, por ejemplo, decirle al contradictor: ¡“Se volvió neo-liberal” ¡, para justificar lo que la evidencia contradice. Se trata de la recurrencia a lo que sí es un verdadero compromiso democrático, en un auténtico sentido de democracia profunda, la igualdad de oportunidades. Se trata de no “morderse la cola”, se trata de la responsabilidad del ejercicio político. No jugar con la credibilidad popular usando espejismos ideológicos que hacen más daño a mediano plazo. Pero claro, las elecciones están ad-portas y el Poder hay que resguardarlo, o conservarlo.

Aun no colocándose en el plano de la atribución de intenciones, hay que instaurar una sana discusión sobre los efectos de una medida que puede tener efectos perversos, no porque los agoreros maledicentes de la oposición lo aseveren si no porque los ejemplos históricos son contundentes.

Un ambiente tan polarizado crea una narrativa fácil de vender, referida a quienes defienden a los trabajadores y quiénes no. Hace parte de la escena populista demonizar a los que difieren respecto de políticas aparentemente benéficas para los trabajadores, expuestas en simples argumentos que pretenden ser evidentes per se. Pero que terminan en perjuicios severos, aún para los aparentemente beneficiados. Al que cuestione tal osadía de defensa de los trabajadores será considerado un reaccionario, derechista, enemigo del pueblo, ubicándose los contradictores cuales Quijotes confundiendo los molinos de viento con gigantes enemigos. -