¿PARTIDOS POLÍTICOS?
La Constitución de 1991 les dio un estatus a los partidos políticos como la vía “natural” al poder. Los sacó de la “informalidad histórica” y les asignó reconocimiento y estructura
Por: Víctor Reyes Morris. Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica. Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara Ex Director de ICETEX. Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia
5/13/20265 min read
¿PARTIDOS POLÍTICOS?
Por: Víctor Reyes Morris.
Sociólogo, doctor en Sociología Jurídica.
Ex concejal de Bogotá, Exrepresentante a la Cámara
Ex Director de ICETEX.
Profesor (Pensionado) Universidad Nacional de Colombia
La Constitución de 1991 les dio un estatus a los partidos políticos como la vía “natural” al poder. Los sacó de la “informalidad histórica” y les asignó reconocimiento y estructura, dejó abierta también la posibilidad de las agrupaciones significativas de ciudadanos para postular candidaturas. Pero los partidos han seguido el curso histórico de su condición de agrupaciones de grandes electores, o barones electorales muy débiles organizativamente, importantes en el momento de otorgar avales a los candidatos a corporaciones y a cargos electivos. Pero su vida es simplemente formal, a pesar de que hay una asignación presupuestal para su funcionamiento permanente, no sabemos en qué se la gastan, pero ahí tienen unos cuadros administrativos. El fracaso de tener unos partidos formalmente de cascarones vacíos se evidenció en este último proceso electoral de elegir presidente de la República. Prácticamente los grandes partidos no iniciaron proceso de escogencia de candidatos (salvo el centro Democrático, ¡partido de Uribe!). El Pacto Histórico es una coalición de fracciones de izquierda cuyo líder, el actual presidente de la República Petro es el referente del partido. Hasta el organizado y pequeño partido Comunista Colombiano se integró a esta coalición.
Hay en los ciudadanos cierta aversión a los partidos, quizás ha jugado en esto la violenta historia de enfrentamiento entre los dos partidos tradicionales, conservadores y liberales, entre los años 40 y finales de los 50 del siglo pasado. Y luego el Frente Nacional, entre los años 60 y 70, eliminó la competencia entre partidos y se borraron las fronteras ideológicas.
Una democracia sin partidos es una democracia frágil, expuesta a las tentaciones personalistas y a los autoritarismos. Últimamente los outsiders han hecho su agosto electoral, prometiendo el oro y el moro, y proclamándose “salvadores de la nación” de la corrupción política.
Quien se proclama “apolítico” y la emprende contra los políticos que “usufructúan el poder para su propio beneficio”, de hecho, sin confesarlo, se ha convertido en un político, aspirando a un cargo político. Está mintiendo, aun cuando despotrique y abjure de sus pares o semejantes.
Los partidos políticos son necesarios, pero responsables, organizados y diferenciados. Responsables quiere decir que respondan por sus acciones, rindan cuentas políticas. Organizados que preparen a su gente para responder por un Gobierno. Es lamentable lo que un presidente colombiano afirma. Me he equivocado en el nombramiento de ministros por eso me ha tocado tantos cambios. Un partido debe responder por errores o aciertos. Reducir el número de errores es formar y preparar a su propia gente, conocerlos y probarlos. Para ello deben tener organización permanente, escuelas de formación y vinculación al acontecer social de la Nación. Diferenciados, quiere decir que asuman posiciones frente a diferentes situaciones del país y a sus posibles soluciones, orientadores de la opinión públicas suministrando puntos de vista que permitan ver con claridad los innumerables problemas que nos aquejan. Dar respuestas a los diferentes grupos sociales y etarios. Comunicarse como organización en la conversación nacional que debe instaurarse entre diferentes actores de la vida política, social y económica de nuestra sociedad.
Los partidos deben crear las opciones para que a su vez los ciudadanos adquieran formación política o lo que se llama “cultura política”. El Estado a través de la educación debe impulsar esa formación ciudadana. para superar esas falencias, a pesar de que hasta los cursos de lo que se llamaba “Educación Cívica” desaparecieron del currículo formativo escolar. No se trata de ideologizar a los ciudadanos si no darles instrumentos críticos para que puedan formar sus propios criterios de diferenciación e identificación de las opciones. Así seremos un pueblo más libre y menos sujetos a las aventuras políticas de los demagogos.
Tenemos normas sobre partidos políticos como las que consigna la propia Constitución política y numerosas leyes. Los artículos 107, 108, 109 y 110, son la base constitucional de la arquitectura partidista y luego hay una serie de leyes que regulan el tema de los partidos políticos, como la ley 1390 de 1994, la ley 1475 de 2011, esta última es la ley más importante sobre partidos y procesos electorales. Entonces el asunto no es tanto normativo, sino que esas leyes se conviertan en realidad y podamos disponer de partidos fuertes que creen confianza entre los ciudadanos y se cierren las aventuras electorales que con engañosa publicidad prometen cambiar y arreglar el país entero y terminan en más frustraciones nacionales.
Tal vez el único asunto que si requiera un profundo cambio normativo es el Consejo nacional Electoral, no puede estar compuesto por representantes de los partidos, es como si los equipos de futbol propusieran y escogieran los árbitros para sus campeonatos. El Consejo Nacional Electoral debe ser un órgano compuesto por magistrados electos por cada una de las Cortes pudiéndose mantener el mismo número (9) y cada Corte (Constitucional, Suprema y Consejo de Estado) escogiera 3 magistrados cada una por concurso de méritos. Esto ayudaría a reestablecer la confianza en el supremo órgano electoral.
¿Por qué me ocupo de este tema ahora, cuando debería estar, por ejemplo, analizando los programas de los candidatos presidenciales en el actual proceso electoral? Considero que precisamente es la ocasión de poner de presente la gran crisis de los partidos actuales de Colombia y la poca confianza que generan entre los ciudadanos, cuando debería ser lo contrario. No creo que la gente se canse de la política, quizás de la politiquería y de la corrupción. Pero, una reflexión seria sobre lo que está pasando es absolutamente necesario para enderezar el camino, el mejor remedio contra los outsiders, profetas de lo imposible y caricaturas de ejercicio del poder. El pueblo colombiano merece más. –
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Me dolió profundamente el vil asesinato del joven periodista MATEO PEREZ RUEDA, estudiante de ciencias políticas en la Universidad Nacional, sede Medellín, que expresa la crisis de la institucionalidad para asegurarles a los colombianos el territorio y el derecho a la vida. –
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Expreso también mis condolencias por el fallecimiento del ilustre profesor VICTOR MANUEL MONCAYO, quien fuera dos veces rector de la Universidad Nacional de Colombia y miembro del Consejo Superior de esa Universidad. Un recuerdo especial de él, que fue mi profesor en la maestría en estudios políticos en esa misma Universidad. Honro su memoria y paz en su tumba. -
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Lamento la muerte de GERMÁN VARGAS LLERAS, con quien me unió una fuerte y especial amistad, desde que fuimos ambos concejales de Bogotá. Hombre de leyes, las impulsó para contribuir a institucionalizar al país y gran ejecutor de políticas públicas, tanto de infraestructura como de beneficio social. Su reciedumbre lo llevó a sufrir la violencia que no hemos podido erradicar de este país, pero no lo amilanó y siguió frentero en sus convicciones. Si bien podríamos discrepar en asuntos políticos no puedo mas que reconocer su talante de estadista, La señora muerte, la que nos vence a todos, no le permitió accionar más.


